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Para qué meditar

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¿ Cuánto tiempo pasas en el trabajo?

¿Cuánto tiempo pasas pegado al móvil, tablet, televisión o redes sociales?

¿Cuánto tiempo con tu pareja y vida social? … y ¿durmiendo?

… Y por último … ¿cuánto tiempo pasas a solas, sin hacer nada más que estar contigo?

Cada uno se responderá una cosa, pero todos sabemos que el trajín de la sociedad en la que vivimos, la exigencia que nos imponemos a nosotros mismos en nuestras vidas y los compromisos que nos creamos, son sin duda alguna trampas que nos alejan de la conexión con nosotros mismos.

Huimos de estar con nosotros mismos porque hemos caído en la trampa de la rutina y el éxito…

Estar desconectados de nosotros mismos, es una forma de estar dormidos, viviendo como  zombies que no saben donde van, arrastrados por el ritmo incoherente del sistema, sin pararnos a pensar ni plantearnos el para qué lo hacemos, o qué es lo qué creemos y qué queremos.

Sin tiempo para pausarnos, para analizar y parar el ritmo inhumano que es la rueda del  producir y consumir, es posible que un día nos sintamos vacíos, o veamos que algo que no funciona, que nos falta… no sabemos el qué…

Sin pararnos, es muy difícil escuchar a nuestro subconsciente y a nuestro cuerpo.

El primero recoge y posee toda la información y recursos que necesitamos para desbloquear y para avanzar… Y el segundo nos da la información de qué nos sucede, donde esta el bloqueo y que relación tenemos con lo que vivimos.

Es aquí donde entra la meditación, la herramienta necesaria para afinar nuestra mente y ponerla a punto. El aquí y ahora.

Pero que mejor forma de explicar esto que con un fabuloso ejemplo en forma de cuento:

“Cuento del Leñador:Afilar la sierra”:

“Había una vez un leñador que se presentó a trabajar en un aserradero. El sueldo era bueno y las condiciones de trabajo mejores aún; por lo tanto, el leñador se decidió practicar toda su experiencia.
El primer día al presentarse al capataz, éste le dio una sierra y le designó una zona de trabajo. El hombre entusiasmado salió al bosque y en un solo día cortó dieciocho árboles.
-Te felicito, le dijo el capataz; sigue así.
Animado por las palabras del capataz, decidió mejorar su propia marca, de tal modo que esa noche se fue a descansar bien temprano.
Por la mañana se levantó antes que nadie y se fue al bosque. A pesar de todo el empeño, no consiguió cortar más que quince árboles.
Triste por el poco rendimiento, pensó que tal vez debería descansar más tiempo así que esa noche decidió acostarse con la puesta del sol. Al amanecer se levantó decidido a superar su marca de 18 árboles. Sin embargo, ese día sólo cortó diez.
Al día siguiente fueron siete, luego cinco, hasta que al fin de esa primera semana de trabajo sólo cortó dos. No podía entender qué le sucedía ya que físicamente se encontraba perfectamente, como el primer día.
Cansado y por respeto a quienes le habían ofrecido el trabajo, decidió presentar su renuncia, por lo que se dirigió al capataz al que le dijo:
-Señor, no sé qué me pasa, ni tampoco entiendo por qué he dejado de rendir en mi trabajo.
El capataz, un hombre muy sabio, le preguntó:
-¿Cuándo afilaste tu sierra la última vez?
-¿Afilar? Jamás lo he hecho, no tenía tiempo de afilar mi sierra, no podía perder tiempo en eso, estaba muy ocupado cortando árboles.”

(Extraído de: Los siete hábitos de la gente altamente efectiva)

Entonces:

¿Cuánto tiempo dedicamos a afilar nuestra sierra? El rendimiento y el autoconocimiento de nosotros mismos sería mucho mas amplio y efectivo simplemente con pararnos un minuto al día a meditar.

La cantidad de información que recoge nuestro cerebro es inaudito. Es por ello que la meditación nos ayuda a pausar el flujo de pensamientos que por si mismo produce cada instante, ya que esa es su función, pero si se pueden controlar a través del adiestramiento de nuestra mente, que es como un caballo desbocado si no cogemos las riendas.

Y, en eso consiste, en tomar las riendas de nuestros pensamientos para que no se desboquen por el bosque y se pierdan en este …

La meditación, en su nivel más sencillo, pero para mi el más importante, nos ayuda a conectar con algo que para nosotros es vital y continuo… La respiración.

Porque para empezar a meditar debemos fijarnos en la respiración, y prestar atención a lo que sentimos a como sucede este hecho, que es el que nos dice que vivimos, que existimos, que sentimos… Conectamos con nuestro cuerpo y tomamos consciencia del momento presente. Nos ayuda a estar presentes, a aliviar el estrés y la ansiedad y a alejarnos de otros pensamientos, dándonos más distancia de reflexión y perspectiva… A vivir el presente.

Para ello es importante adoptar una postura relajada y a la vez lo suficientemente firme como para no dormirnos y no cansarnos. Bien sentados en un cojín o en una silla, en un lugar tranquilo y adecuado, podremos retirarnos al descanso del guerrero, a relajar nuestra mente, a observarnos y a pausarnos, liberando así un ritmo poco adecuado para el darnos cuenta, y el ser conscientes, de un montón de cosas que se nos escapan con el ritmo frenético. Es importante ser constante, pero también lo es no exigirnos ni juzgarnos, y no empezar por mucho tiempo, un par de minutos aldea serán suficientes para ir creando hábito… Como consejo siempre procura a la misma hora y en el mismo lugar si es posible, para fortalecer la costumbre. Y si te viene un pensamiento según estas meditando, en cuanto seas consciente, vuelve a la enfocarte en la respiración, sin juzgarte ni exigirte, por favor … Hazlo por ti.

Todo esto convertido en hábito, será fundamental para que poco a poco volvamos a conectar con nosotros mismos y estemos presentes en cada momento de nuestras vidas. Esta práctica nos permite conocernos, observar, pensar de manera más clara y gestionar y reconocer nuestras emociones…

Si aún no has encontrado las ventajas que te aportará meditar, te sugiero que te plantes si de verdad has estado aquí o en otro sitio…

Porque de lo que hablamos aquí es de presencia, de estar presente, aquí y ahora. Y porque si no estás atento a cada momento de tu vida entonces no estarás aprovechando la vida, estarás en otro lugar, y no donde estás. Estarás desconectado, y con poca consciencia de lo que sucede de verdad.

Cuando meditas, y cuanto más lo hagas, dejarás de distorsionar progresivamente la realidad y te empezarás a conocer de verdad, escuchando a tu mente, como piensa, en que piensa y como funciona…

¿No te parece interesante aprender cómo funciona tu mente y tu cuerpo antes de hacer nada más? Pues ¿a qué esperas cada mañana antes de afrontar el día, o antes de entrar en una reunión o tener una conversación difícil o tomar una decisión?…

Imagina que eres capaz de parar el mundo y observar las posibilidades que le rodean con pausa y a cámara lenta… ¿ Qué harías? ¿Qué posibilidades te daría eso?

A veces con solo un minuto habrás ganado, tiempo, visión, pausa y ángulo de visión.. Tomarás conciencia de tu estado anímico y puede que hasta el subconsciente libere alguna información que te sea más que útil en tu vida…

Ahora en este momento, sólo existe lo que sientes, ves y sucede.. el resto ya no puede pasar porque ya sucedió, o porque aún no ha sucedido.

Vive plenamente cada instante aceptando lo que es.

Jose F. Borrego

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